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lunes, 27 de octubre de 2014

TÍTULOS HONORÍFICOS DE CEUTA

¿Por qué se le reconoce como "Siempre Noble y Leal" o, "Fidelísima", como títulos honoríficos a Ceuta?



Para encontrar la respuesta, nos debemos remontar a los siglos XVI-XVII de la península ibérica, donde por última vez y hasta entonces, se vería unificada totalmente esta bajo la senda de los Austrias, con Felipe IV como último monarca. Hoy en día, se suele conocer popularmente como Unión Ibérica.

Brasão de la Casa de Avis
Ceuta, que pertenecía a la esfera portuguesa desde el siglo XV, pasó a formar parte del Imperio Español tras la dolorosa derrota portuguesa de Alcazarquivir (actual Marruecos) en 1578, en la que el mismísimo rey Sebastián I cae muerto, quedando así vacante el trono de la Corona de Portugal. El heredero fue el monarca Felipe II, que bajo su mandato unificó toda la península ibérica, algo nunca visto desde la época de los visigodos.

  A mediados del siglo XVII, los portugueses se sublevan como otras regiones penínsulares, aunque a ellos les acompaña el éxito, y proclaman como rey al duque de Braganza. En Ceuta, aunque el gobernador Francisco de Almeida se mantiene indeciso, los ceutíes se mantendrán fieles a Felipe IV.


Cruz de San Andrés
Esto puede explicarse tanto por la progresiva castellanización de los últimos años de la ciudad con el desembarco de fuerzas militares ante amenazas enemigas como por la seguridad que, andando el tiempo y a diferencia de lo que ocurrió con otras plazas africanas, prodigaron los Austrias.

La incorporación a la Corona castellana será muy bien acogida desde Madrid, recibiendo los títulos honoríficos de Siempre Noble y Leal. La ciudad elevará manifiestos y peticiones a las Cortes, que verán su fruto en 1656, con la concesión del título de Fidelísima, cerrándose así el reconocimiento de todos los fueros, privilegios, usos y costumbres de instituciones y habitantes. En 1668, el Tratado de Paz y Amistad reconocerá de derecho lo que ya lo era de hecho, la españolidad de Ceuta.


sábado, 19 de julio de 2014

· EL CRISTIANISMO EN SEPTEM ·

Emilio A. Fernández Sotelo y la basílica tardorromana

Proyectos de urbanización acometidos a mediados de los años ochenta en la calle Gran Vía proporcionaron hallazgos arqueológicos de entidad, entre los que destacaban numerosas tumbas de época tardorromana (siglos III- VII d.C.). Su importancia provocó intensas excavaciones arqueoológicas durante más de cinco años que permitieron poner al descubierto la existencia de un edificio de planta basilical, dotado de ápside semicircular, identificado como una basilica por su excavador, Emilio A. Fernández Sotelo.

Medievalista de formación, este investigador se dió cuenta inmediatamente de la importancia del monumento, dedicando buena parte de sus esfuerzos intelectuales durante años a su estudio. Su importancia provocó una sesión monográfrica durante el II Congreso Internacional del Estrecho de Gibraltar (Ceuta 1999), habiendo intervenido en su correcta caracterización arqueólogos de gran renombre como M. Sotomayor o M. Bendala, y habiendo sido muy prolífica la literatura que sobre ella se ha generado. Y gracias a él se pudo conservar el único edificio que testimonia la importancia de una ciudad de Septem en la Antigüedad Tardía, actualmente convertido en el Museo de la basilica tardorromana, tras un lento y complicado proceso que ha durado exactamente dos décadas, ya que el monumento se ha integrado urbanísticamente entre varias edificaciones reproduciendo internamente el volumen de estas basílicas litúrgicas y permitiendo un ameno recorrido por la historia de Ceuta.

La excepcionalidad de la basílica es evidente. En primer lugar porque constituyen uno de los escasos edificios de planta basilical de toda la Mauretania Tingitana, contando con paralelos únicamente en Zilil (Dchar Jdid, cerca de Arcila), y en Tingis (Tánger) -además de otras dudosas propuestas en Lixus y Volubilis-, y el único que cuenta con una amplia cronosecuencia que incluye prácticamente quinientos años de vigencia. En la vecina orilla de la Baetica, únicamente contamos con el cercano ejemplo de Vega del Mar -Marbella- y con los dos edificios litúrgicos de Carteia, además de diversas menciones indirectas a basílicas en inscripciones y en documentos o excavaciones antiguas. Es, por tanto, junto a Vega del Mar, la basílica más importante de las conservadas en todo el Círculo del Estrecho.

Es, además, una de las escasas evidencias del cristianismo en la Tingitana, pues como sabemos estas comunidades se caracterizan por sus escasas representaciones iconográficas, a pesar de que a finales del siglo IV se trata de la religión oficial del Imperio. Unicamente algunas lucernas y algunas fuentes en sigillata africana con representaciones de cruces enjoyadas, crismones o escenas de simbología cristiana constituyen evidencias de este cristianismo primitivo en la zona, de ahí la excepcionalidad de la conservación del monumento.

La dilatada vida del edificio provocó su transformación, de una necrópolis en época medioimperial, a un ámbito edificado de planta rectangular, que con posterioridad sería ampliado y dotado de ápside semicircular. La sepultura privilegiada es de una mujer, posiblemente santa o martir, de la cual carecemos por el momento de dato onomástico alguno. En torno a ella se enterraron numerosos personajes, siguiendo la práctica que nace en el Bajo Imperio romano de inhumarse cerca de las sepulturas de los miembros importantes de la comunidad (la llamada Tumulatio ad sanctos). Y en alguna de las tumbas se realizaron ágapes funerarios -comidas en honor de los difuntos-, lo que provocó que la propia tipología de las sepulturas se adaptase a estas costumbres, creando las mensae, o inhumaciones rectangulares sobreelevadas sobre las cuales se realizaban estos ritos citados, entre otros, por San Agustín.

Se tuvo la previsión de no excavar la totalidad de las tumbas de la basílica, por lo que restan para el futuro muchas investigaciones arqueológicas por desarrollar, de ahí que no se trate, ni mucho menos, de un yacimiento agotado científicamente.

Previamente a su descubrimiento no se sabía casi nada de los últimos siglos del devenir histórico de la ciudad, antes de la llegada del Islam. Su hallazgo fue un auténtico revulsivo, y diversas tesis doctorales han tratado esta cuestión de manera nuclear o más o menos directa. Su preservación para el disfrute de las generaciones venideras es un buen ejemplo de la perfecta compatibilidad de la progresión urbanística con un adecuado respeto a los restos arqueológicos de entidad como el que aquí nos ocupa. Y a Emilio A. Fernández Sotelo le debemos el poder disfrutar hoy en día de este singular testimonio de nuestros predecesores.

Fuente: Historia de Ceuta, de los orígenes al año 2000.

lunes, 14 de julio de 2014

· El ATLANTE DORMIDO ·

Atlante Dormido, popularmente conocido como "La Mujer Muerta"
Desde siempre se ha tratado de prestigiar los orígenes de las localidades remontándolos al inicio de los tiempos, glorificando con ello su pasado. Es esta una labor de erudición que encontramos por toda España -y en general en todo el mundo occidental- hasta fechas muy cercanas a nosotros. Y Ceuta tampoco es una excepción a dicha regla.

Todo ello ha provocado numerosa literatura al respecto, generando atractivas leyendas entre las cuales el Atlante Dormido, popularmente denominado "Mujer Muerta", una imagen antropomorfa yacente identificable en Sierra Bullones, frente a la bahía de la Ballenera en Benzú, es uno de los tópicos literarios más frecuentemente citados, encarnando teóricamente a Anteo, quien tras las luchas contra Herakles (Hércules) fue enterrado en este lugar del Estrecho de Gibraltar...




sábado, 5 de julio de 2014

· CEUTA: UN NOMBRE DE ORIGEN ROMANO ·

El nombre de Ceuta, ya establecido como tal desde el siglo XVI, corresponde a la denominación portugesa, que introdujo la "u", desde el árabe medieval Sabta. Este portuguesismo en el nombre de la ciudad es indudable puesto que los textos castellanos medievales, en época de Alfonso X y Alfonso XI, la conocían como Çepta: "allén la mar oteando vio Çepta commo yazía las torres bien blanqueando" (Poema de Alfonso XI). O también en las Cantigas: "et demas conquerra Espanna e Marocos, et Ceta et Arcilla" (Cantiga 169).




Ahora bien, el propio nombre de Sabta, ya presente como tal en los siglos VIII y IX, corresponde a la arabización de un topónimo clásico que es de origen puramente latino. Hasta el siglo XI el nombre fue el de la ciudad pero también era aplicado al Estrecho, puesto que cuando  los árabes ofrecían un topónimo concreto al Estrecho ("Al-Zuqqaq") lo conocían como "Al-Sabti", es decir "el estrecho de Ceuta". Este hecho derivaba de la época bizantina, cuando el estrecho (fretum) fue nombrado en muchas ocasiones como Septemgaditanus (de Ceuta y Cádiz). Fue después cuando el Estrecho se identificó con el nombre de Gibraltar, desplazando así a Cádiz y Ceuta de esa identificación.

El origen del nombre de Ceuta es bien conocido, y procede del numeral Septem latino, un topónimo reiteradamente mencionado en la costa africana del Estrecho por parte de los textos de la Antigüedad clásica. La inexistencia de la letra "e" n el alfabeto árabe condujo de forma directa al nombre de Sabta. En la toponimia de la zona Ceuta es caso único de una ciudad cuyo nombre tiene origen puramente latino, y también uno de los escasos con procedencia de la Antigüedad. En la orilla hispana, los nombres árabes se imponen (Almuñecar, Algeciras, Tarifa), al igual que en la africana (Tetuán, Arcila, Larache o Alcazarquivir y Xauen). Málaga procede de un nombre púnico, al igual que Cádiz (Gadir), y Tánger (Tingi) de uno indígena líbico, si bien todos ellos naturalmente se han transmitido a través del intermedio romano.

Por el contrario Ceuta es un topónimo latino, el referido a los montes que los romanos llamaron Septem Frates. Los "Siete Hermanos" del Estrecho, en la línea costera, tenían especial morfología y los navegantes consideraban que se hallaban en hilera, como diseñados, al oeste de Benzú. Es probable que el numeral 7, número primo sagrado en muchas culturas, presente también en las siete colinas romanas, o en la granadina Torre de los Siete Picos, pudiera responder a algún mito de carácter púnico que desconocemos.

Este origen toponímico es el que hace que hablemos de la Ceuta romana como la Septem Frates romana. Con ello hacemos una aproximación muy justificada, pero no es menos cierto que con mayor precisión la Ceuta romana en realidad tuvo otro nombre muy distinto: Abyla. Basta con releer las fuentes clásicas para observar que Septem Frates se hallaba al oeste de Abila; si más dudoso al respecto es el testimonio de Pomponio Mela, y las mismas expresiones de Plinio no dejan de resultar ambiguas y permiten distintas interpretaciones, mucho más claro aparece este orden en la relación de Estrabón, y sobre todo en Claudio Ptolomeo, y en el Itinerario Antonino, que ubica Septem Frates 14 millas al oeste de Abila.

Abila es un nombre de origen Púnico que hacía referencia a la altura que el Hacho representaba para los navegantes (como indica el poeta Rufo Festo Avieno). En efecto, los marinos cuando pasaban por la zona vacilaban en la identificación de Abila, monte y topónimo mucho más famoso pues correspondía a la Columna africana de Hércules, y muchos creían que esa altura no era el Hacho sino el Yebel Musa (la Mujer Muerta). No obstante, sabemos por Estrabón que los naturales del territorio no creían que Abila fuera columna alguna de Hércules y afirmaban con rotundidad que éstas no se hallaban allí sino en Cádiz. En textos de época romana se produce la propia derivación del nombre que en ocasiones aparece como "Abina".




Si esto es así, ¿cuándo el enclave habitado de Ceuta tomó el nombre de Septem? El traslado se produjo en la Antigüedad Tardía. Algunos textos medievales, que copian otros más antiguos, mencionan el nombre de Septemvenam, muy probable unión de Septem y Abina. Como una mera hipótesis, el traslado del topónimo podría haberse producido en el siglo IV, todavía en época romana y cuando el territorio pertenecía a la Diocesis Hispaniarum, una unión de ambos núcleos en Ceuta, quedando el nombre de Septem trasladado al lugar. Como posibilidad alternativa, y a nuestro juicio algo más verosímil, habrían sido los bizantinos de Justiniano los que habrían establecido el topónimo en el istmo ceutí. El rescripto imperial que ordenaba la ocupación consideraba que Septem era "una travesía que se encuentra frente a Hispania", por tanto no una población concreta, ni siquiera un lugar concreto. Habría sido el general bizantino Joannes quien, al desembarcar en el istmo ceutí, y establecer allí la fortaleza y la base marítima de dromones, así como la iglesia dedicada a la Virgen, habría realmente decidido el nombre que a partir de ese momento iba a tener Ceuta.

Fuente: Historia de Ceuta. De los orígenes al año 2000.

lunes, 23 de junio de 2014

· CEUTA Y SU CLIMA ·

El clima actual

El clima de la región del Estrecho presenta dos estaciones bien diferenciadas: una fresca y húmeda, de octubre a abril, y otra seca y cálida, de mayo a septiembre. Se trata por lo tanto de un clima típicamente mediterráneo. No obstante, dentro del clima mediterráneo, se pueden distinguir tres variantes:

  • - Variante portuguesa ===> con una estación seca de hasta cinco meses e inviernos suaves.
  • - Variante helena ===> con una sequía estival de cinco a seis meses de duración e inviernos y veranos más extremos.
  • - Variante californiana ===> Con seis meses de sequías, pero con veranos bastante frescos (temperatura media del mes más cálido menor de 23º C) y brumosos.

Los climogramas de la zona del Estrecho muestran la existencia de una estación seca de cuatro a cinco meses de duración y una temperatura media del mes más frío por encima de los 10º C, lo cual permite su inclusión dentro de la variante portuguesa. Sin embargo, el caso de Ceuta es algo diferente, ya que, aunque la duración de su estación seca (cuatro meses y medio) permita su inclusión en la variante portuguesa, la presencia de numerosas brumas veraniegas y su relativo frescor estival (temperatura media en el mes más cálido de 22'4º C) indican un claro parentesco con la variante californiana.


Filiación que se hace más patente al tener en cuenta el origen de las brumas de la variante californiana, sin duda responsables de su singularidad climática. El origen de las nieblas estivales del clima californiano se debe a la presencia de corrientes marinas de aguas frías que discurren a lo largo de sus costas. 

Tal situación se da también en Ceuta, donde las aguas mediterráneas profundas y frías suelen aflorar a lo largo de su costa norte al intentar salir del Mediterráneo. Durante los veranos, la anterior aparición de aguas litorales frías tiene un triple efecto climático: refrescan el aire, impiden las precipitaciones al estabilizar el gradiente vertical de temperatura y engendran nieblas de inversión (relente, taró), tanto más densas y persistentes cuanto más cálida es la estación.