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martes, 4 de noviembre de 2014

· LAUREL ·

LA PLANTA DE APOLO


En la mitología griega, era la planta de Apolo, pues en ella quedó convertida la ninfa Dafne por rechazar al dios que tras prendarse de ella la había requerido de amores. En muchos lugares de España se cree que el laurel posee espíritu, de modo que, como se hace con los animales domésticos, se le debe comunicar si hay enfermos en la casa o si ha muerto alguno de sus habitantes, ya que, de no hacerlo así, el árbol, dolorido, comenzaría a secarse poco después.


El laurel, por ser uno de los pocos elementos  de la naturaleza al que jamás  alcanzaba el rayo, se consideraba un escudo protector; por eso Julio César instauró la corona con sus hojas, que, por extensión, y desde la Antigüedad hasta nuestros días, simboliza el reconocimiento al vencedor en cualquier empresa, desde el triunfo del emperador hasta las victorias de los generales o los éxitos deportivos. Por todo ello ofrecer laurel es expresar un deseo de paz. En el País Vasco y Navarra se suele depositar en el féretro de los difuntos un ramo de Laurel.

En la Antigüedad los sacerdotes de Apolo utilizaban el laurel para practicar la suerte de adivinación denominada dafnomancia, para lo cual bien quemaban algunas hojas e interpretaban su crepitación mientras eran consumidas por el fuego, bien las mascaban para sumirse en un estado de trance que les permitía vislumbrar acontecimientos del futuro. 


En la noche de San Valentín, las enamoradas solían utilizar hojas de laurel para saber si eran correspondidas, para lo cual era necesario soñar esa noche con el interesado tras haber colocado las hojas bajo la almohada o haberlas prendido en las puntas de esta con alfileres.


 
El que muerde una hoja de laurel no debe temer que le asalten los malos espíritus y ha de saber que su mente estará despierta para afrontar cualquier situación de la vida. El que al ser servido recibe en su plato una hoja de laurel con la que se ha elaborado la comida gozará de buena salud durante mucho tiempo o curará pronto de una dolencia que sufre, y hasta es posible que realice en un breve plazo de tiempo un largo viaje sumamente venturoso. Colocando una rama de laurel cerca de la cama de una persona dormida se le procura un sueño reparador y plácido.

El laurel debe plantarse delante de la puerta de una casa o en los campos por sus ya comentadas virtudes para alejar los rayos o las tormentas de granizo. También  es costumbre llevar ramas de laurel a bendecir el Domingo de Ramos para colocarlas después en las puertas de las casas o de las cuadras.


lunes, 3 de noviembre de 2014

· EL CINE ESPAÑOL ·

LA INDUSTRIA DEL CINE


En España, el cine tuvo una escasa incidencia en las primeras décadas del siglo XX debido a la inexistencia de industria cinematográfica en el país. Tras pasar por una etapa documentalista acorde con las pautas pedagógicas de la República, el cine español entró en el largo paréntesis franquista, cuya censura marcó a los cineastas, que hubieron de ingeniárselas para sortear su férreo control. En las últimas décadas del siglo, después de la transición democrática, el cine español ha entrado en un alentador proceso de recuperación respaldado por la afluencia de público a las salas. 

Los años treinta

Luis Buñuel
Desde 1931 a 1939 el cine español se caracterizó por el cultivo del documental, relacionado con el clima de sensibilización social de aquellos tiempos. Luis Buñuel (1900-1983) realizó en 1932 Las Hurdes o Tierra sin pan, testimonio de la realidad de una de las zonas más deprimidas del país. Por otra parte, merece especial atención el trabajo de José Buchs, director que puso en escena varios temas históricos, Diego Corrientes (1929) y Prim (1930), que se convirtió en una de las más ambiciosas producciones del cine de la época. Benito Perojo, director y productor, logró los mayores éxitos comerciles anteriores a la guerra civil con Boy (1925), El negro que tenía alma blanca (1926) y La verbena de la Paloma (1935).



El cine del franquismo

Imagen de la película Marcelino, pan y vino
La guerra produjo el exilio de intérpretes, técnicos, realizadores y guionistas, a lo que se debe añadir la carencia de material con el que trabajar. Además, cualquier realización estaba sometida al estricto control del nuevo régimen, que daba salida exclusivamente a los filmes que exaltasen su ideología a través de la empresa Cifesa. En 1941 apareció Raza, de José Luis Sáenz de Heredia (1911-1992), basada en un guión firmado por Jaime de Andrade, seudónimo del dictador. Las exaltaciones históricas representadas por Agustina de Aragón (1950) o Locura de amor (1948), de Juan de Orduña (1900-1974), Reina Santa (1946), de Rafael Gil (1913-1986); las de mensaje religioso, como La señora de Fátima (1951) de Rafael Gil, Misión Blanca (1945) de Juan de Orduña, o La mies es mucha (1948) de José Luis Saénz de Heredia y, sobre todo, Marcelino, pan y vino (1954) de Ladislao Vajda (1906-1965), filme de gran popularidad en la época , son ejemplos representativos del cine franquista. Surcos (1951), dirigida por José Antonio Nieves Conde fue el primer intento de acercarse a una estética neorrealista presentando los traumas y conflictos generados por las migraciones del campo a la ciudad. Ana Mariscal (1923-1995), actriz que se hizo famosa por su interpretación en Raza, debutó como realizadora con Segundo López, aventurero urbano (1952).

Bardem-Berlanga

A la izquierda Luis García Berlanga junto a Juan Antonio Bardem, derecha.
Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem (1922-2002) dirigieron conjuntamente Esa pareja feliz (1951), comedia satírica, a la que seguiría Bienvenido Mr. Marshall (1952), realizada por Berlanga. Por su parte, Bardem realizó Cómicos (1953), a la que siguió Felices Pascuas (1954); Muerte de un ciclista (1955) fue premiada en el Festival de Cannes, lo que significó el inicio de cierta proyección europea para el cine español.

El nuevo cine español

Miguel Picazo
En 1961, Buñuel ganó el Festival de Cannes con Viridiana (1961), aunque el filme no pudo ser proyectado en España. Aparecieron El cochecito (1960) y El pisito (1961), realizadas por Marco Ferreri (1928-1997), con guión de Rafael Azcona, crónicas satíricas de la España del subdesarrollo. Bardem realizó Calle Mayor (1956), Sonatas (1959) y Nunca pasa nada (1963), mientras que Berlanga dirigió Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957), Plácido (1962) y El verdugo (1963). Destacó también La tía Tula (1964) de Miguel Picazo, que sintetiza las características del llamado "nuevo cine español".

Carlos Saura
Debido al interés del régimen franquista por ofrecer una imagen distinta en el extranjero, la censura se volvió más permisiva. No obstante, los cineastas tuvieron que recurrir a la parábola para referirse críticamente a la realidad social; las obras de Carlos Saura como La caza (1965) o La prima Angélica (1973) son una buena muestra de ello. Otra película destacada fue Nueve cartas a Berta (1965) de Basilio Martín Patino. En 1973 apareció El espíritu de la colmena, primer largometraje de Victor Erice.

La transición a la democracia

Pedro Almodóvar
Después de la abolición de la censura en 1977 tras la muerte de Franco, se inició una etapa de puesta al día en todas las temáticas, desde lo erótico hasta lo político. Algunos se dedicaron a revisar la historia más reciente, como es el caso de Caudillo (1974-1977), de Basilio Martín Patino, Las largas vacaciones del 36 (1976) o el documental La vieja memoria (1977), ambas de Jaime Camino. Se estrenaron películas de Manuel Gutiérrez Aragón, Sonámbulos (1978) y El corazón del bosque (1979); La escopeta nacional (1978) de Luis G. Berlanga; y Las bicicletas son para el verano (1983) de Jaime Chávarri. Pedro Almodóvar inició su carrera de éxitos con Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón (1980). También destaca la labor de productores, como Elías Querejeta.

El cine de los últimos tiempos

Alejandro Amenábar
En las décadas de 1980 y 1990 aparecieron películas de alta calidad: Volver a empezar (1982, primer Oscar español), de José Luis Garci; El sur (1983), de Víctor Erice; Los santos inocentes (1984), de Mario Camus; Los motivos de Berta (1984), de José Luis Guerín; La noche más hermosa (1984), de Manuel Gutiérrez Aragón; Beltenebros (1991), de Pilar Miró (1940-1997); Belle époque (1993), de Fernando Trueba -que obtuvo el Oscar- y ¡Ay, Carmela! (1990), de Carlos Saura. Resurgieron la comedia, con un estilo desenfadado y espontáneo, y el drama, como Opera prima (1981), de Fernando Trueba; Pedro Almodóvar triunfó con Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987), y Todo sobre mi madre (1999) y Hable con ella (2002) fueron merecedoras del Oscar. A finales de 1990 se consolidaron nuevos realizadores, gracias a comedias de éxito y a recreaciones originales como: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995), de Agustín Díaz Yanes; Tesis (1995), de Alejando Amenábar -uno de los directores con mayor proyección internacional gracias a sus películas Los otros (2001) y Mar adentro (2004)-; ¿Hola, estás sola? (1995) y Te doy mis ojos (2004), de Iciar Bollaín; Solas (1999), de Benito Zambrano, Barrio (1998) y Los lunes al sol (2002), de Fernando León de Araona.

Florián Rey

Cartel publicitario de La Dolores, dirigida por Florián Rey y protagonizada por Concha Piquer y Manuel Luna (1940).
Antes de la Segunda República, el cine producido en España tuvo muy poca incidencia debido a la inexistencia de una infraestructura industrial en un país de economía principalmente rural y que estaba sujeto a la censura de la época de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). La excepción es Florián Rey, considerado como el mejor director español de la época muda, autor de La aldea maldita (1929), drama rural que sigue las pautas de la épica coral del cine soviético. Posteriormente realizó dos filmes de corte folclórico en los que participó Imperio Argentina (1906-2003), actriz y cantante que se convirtió en la más popular del cine español de la época, Nobleza baturra (1935) y Morena clara (1936).

domingo, 2 de noviembre de 2014

· ANIMALES FABULOSOS ·

GRIFOS

Se trata de uno de los más prestigiosos animales fantásticos del mundo antiguo, presente en la mitología de las civilizaciones del Oriente Próximo y Asia Menor y muy usado como símbolo heráldico en el arte occidental desde la Edad Media.

Era un animal con cuerpo de león cuya cabeza, pecho, alas y garras eran de águila; en ocasiones, el cuerpo del felino aparece alado o puede tener cola de serpiente.

Según los antiguos griegos, vivía en los confines orientales del mundo; allí anidaba sobre el oro que los dioses les habían encomendado custodiar frente a la codicia de los arimaspos, hombres de un solo ojo en forma de ranura, recuerdo del ojo oblicuo y entrecerrado de los mongoles y tártaros que algún viajero habría visto.

Cuando el grifo echaba a volar, el viento que producían sus alas era suficiente para derribar a varios hombres. De esta ave de enormes garras se decía que era capaz de aferrar un caballo o un hombre completamente armado y transportarlo por los aires; las garras eran tan grandes que se podía fabricar una taza o un vaso con cada una de las uñas, de las que en la Edad Media floreció su comercio, ya que eran muy apreciadas pues cambiaban de color si se introducía un veneno en ellas.



CENTAUROS

Tenían la mitad superior del cuerpo de hombre y la mitad inferior de caballo. Vivían en el monte y en el bosque, se alimentaban con carne cruda pues no conocían el fuego, acostumbraban a ser muy brutales y luchaban con palos y piedras.

Para los griegos, eran la representación de la naturaleza salvaje del hombre, la parte incivilizada del mismo: en uno de los mitos más conocidos, los centauros habían sido invitados a la boda de Piritoo, príncipe de sus primos los lapitas. No puediendo controlarse al beber vino, se emborracharon y raptaron a las mujeres lapitas, por lo que estos tuvieron que luchar con ellos.

Hércules murió a causa de la piel de Neso, el centauro que él mató y que, moribundo, dijo a Deyanira, la mujer del héroe, que aquella tenía propiedades mágicas; cuanto esta le puso la piel a Herakles, el veneno de sus flechas actuó, causándole tales dolores que acabó arrojándose al fuego.



ESFINGES

En la mitología griega, la esfinge era un monstruo femenino con pecho, cuerpo y cola de león, que tenía cara de mujer y alas de ave rapaz.

Fue enviada por Hera a Tebas, donde proponía adivinanzas a los viajeros y los devoraba si no eran capaz de resolverlas.

Al llegar Edipo a la ciudad, la Esfinge le preguntó cuál era el animal que al amanecer andaba a cuatro patas, al atardecer sostenía con dos y, cuando anochecía, caminaba con tres; Edipo resolvió el enigma, contestando que el ser humano, pues cuando era pequeño gateaba con manos y pies, en su madurez caminaba sobre sus dos piernas y en la vejez necesitaba de un bastón.

En otras versiones también le pregunta quiénes son dos hermanas que una genera a la otra y viceversa, a lo que respondió Edipo: La noche y el día (día, en griego, es femenino). La Esfinge furiosa, se arrojó desde lo alto de la roca en la que moraba y pereció.

sábado, 1 de noviembre de 2014

· AKHENATÓN Y NEFERTITI ·

PASIONES Y AMORÍOS

 
Décimo rey de la XVIII dinastía egipcia, Akhenatón, conocido también como Amenhotep IV, es uno de los faraones más famosos del antiguo Egipcio, aunque buena parte de los hechos de su biografía nos son desconocidos. Fue nombrado corregente por su padre y llegaría a gobernar 17 años a mediados del siglo XIV a.C. Estuvo apoyado totalmente por su esposa y prima Nefertiti en su reforma religiosa para imponer el nuevo culto a Atón por encima de los demás dioses, especialmente de Amón, cuyos sacerdotes eran por entonces muy poderosos.

El faraón, hacia el quinto año de su reinado, cambió su nombre de Amenhotep por el de Akhenatón, que significa "Útil para el disco", haciendo llamar a su esposa Nefer-neferu-Atón, "Perfecta es la perfección de Atón". Luego, se retiró a una nueva ciudad que ordenó levantar y se llamó Akhetatón ("Horizonte del disco"), hoy Tell el-Amarna-, que se convirtió en capital de su nuevo Estado teocrático, centrado en el culto de Atón, el disco solar.

Dedicado a su religión, Akhenatón, se despreocupó de las tareas del gobierno, iniciándose así la decadencia del país y favoreciéndose las revueltas internas y la sublevación de las religiones más alejadas. La correspondencia hallada en Akhetatón, sin embargo, permite conocer las relaciones de Egipto con los países extranjeros y deja entrever que el país del Nilo continuaba con su prestigio.

Nefertiti, cuyo nombre quiere decir "La Bella ha venido", con su actitud respaldó totalmente las acciones de su marido, especialmente en su reforma monoteísta, en la que llegó a participar como gran sacerdotisa; en una inscripción de una tumba en Akhetatón se hace constar que el disco sale para manifestar su favor a Nefertiti y se pone redoblando de amor por ella.

Aparece en los relieves y estatuas como una reina de gran belleza, muy unida a su esposo: se la muestra sentada en las rodillas de Akhenatón, o junto a él adorando el disco solar y recibiendo sus bendiciones en forma de rayos que acaban en manos acariciadoras. El famoso Himno al Sol, del que fue autor el propio faraón, finaliza con la dedicatoria a Nefertiti, mencionada como la gran esposa a la que ama Akhenatón.

En otros relieves, especialmente emotivos, se muestra a la pareja real atendiendo amorosamente a sus seis hijas; una de ellas, Ankhesenamón, a través de su matrimonio hizo faraón a otro personaje bien conocido, Tutankhamón.

jueves, 30 de octubre de 2014

· LA LUNA ·

ASTRO DE LA NOCHE


En la Antigüedad fue, después del sol, la mayor de las divinidades celestiales: Selene y Artemisa en Grecia, Diana en Roma y Belisana entre los celtas eran los nombres con que se la adoraba. Tampoco en Egipto, Tiro o Persia faltaron divinidades de naturaleza lunar, como Isis, Astarté o Mylita. 

En el Corán, la luna, junto al sol, aparece como uno de los signos del poder. Y por ser la noche el tiempo más propicio y frecuente para alumbrar seres humanos y animales, la luna estuvo íntimamente relacionada con otras divinidades propias de estas circunstancias, como Ilitia y Lucina.

A la luna se la ha juzgado de manera un tanto ambigua, pues si bien por un lado es el símbolo de la fecundidad, por ser la divinidad que que producía la lluvia y el rocío, por otro, ya desde la Antigüedad, se le atribuía a un lado oscuro. En Mesopotamia, por ejemplo, a Sin, el dios lunar, se le consideraba responsable de enfermedades como la lepra, fiebres, hidropesía,etc., y en Grecia y Roma se la relacionó con las divinidades infernales y los rituales funerarios de Perséfone y Proserpina, respectivamente, por reinar sobre los muertos.

Más adelante, y como herencia del fuerte rechazo con que la juzgaba el cristianismo conforme este se iba imponiendo en suelo europeo, adquirió una fama nefasta: la luna era la diosa de la noche, momento propicio para que las brujas efectuasen sus maleficios y otros actos propios de su oficio y para que seres sobrenaturales se manifestasen.


Se decía que las manchas de la luna, aparte de configurar la imagen de una liebre, representaban también a un hombre cargado con un saco, el denominado "hombre de la luna", que según la tradición habría sufrido un castigo por haber cometido numerosísimas faltas y estaba condenado a morar solo en el satélite de la tierra, lo que servía de recordatorio a los humanos para que mantuviesen un comportamiento ejemplar. En el folclore de numerosas regiones españolas, al igual que en otras muchas del resto de Europa, también pervive la huella de que las manchas de la luna configuran la silueta de un ser fantástico; según otras variantes, en la superficie del astro se puede observar la forma de diferentes animales fantásticos.

El ciclo anual de la luna dio origen a un calendario basado en sus mutaciones que, por tener una duración diferente del solar, dio lugar a un ajuste considerado caótico para la naturaleza y que trasladado a la sociedad generó una larga serie de rituales de inversión y de ruptura que terminaron adquiriendo un carácter religioso-festivo; ya en la era cristiana se estableció que dicho período de desajuste quedara dispuesto como tiempo previo a la Cuaresma, lo que dio lugar a la implantación del carnaval y, por tanto, a la oficialización del caos.

Ya desde antiguo se sostuvo la hipótesis de que la influencia que la luna ejercía sobre los biorritmos humanos se basaba en una relación causa-efecto, y muchos científicos y médicos la defendieron con argumentaciones escrupulosas centradas sobre todo en la consideración de que el cuerpo humano era un microcosmos que contenía, en su debida proporción, todos los elementos que están presentes en el universo. 

(En la actualidad la influencia de la luna sobre el ser humano sigue siendo aceptada, aunque se esgrimen argumentos diferentes.) Por otro lado, es una creencia universalmente admitida que la filosofía de la mujer está en íntima relación con la luna, sobre todo por lo que respecta a la mestruación, que está estrechamente vinculada a las fases del astro hasta el punto de considerarla su consecuencia directa; también está muy extendida la teoría que relaciona la mayor intensidad del deseo sexual del hombre con las fases de la luna llena. En relación con este tipo de hipótesis se admite que la fase de cuarto creciente es indicada para la concepción o el alumbramiento de niños, mientras que la de cuarto menguante es idónea para engendrar o dar a luz niñas.

Es creencia generalmente admitida que las fases de la luna ejercen una influencia directa en el carácter de los recién nacidos, de modo que, por ejemplo, el cuarto menguante es el momento adverso para venir al mundo. Se considera que la luna, además, regula determinadas funciones psíquicas, como la memoria y la imaginación activa, y hasta gobierna las relaciones de simpatía o antipatía; influye en el llanto y en el humor, e incluso determina el descuido en materia de alimentación e higiene.

El resplandor que irradia el astro puede producir ceguera o causar la locura, de manera que se recomienda evitar exponer a los niños a la luz de la luna durante sus primeros meses de vida, ya que de lo contrario podrían quedar alunados (Andalucía, Canarias y Extremadura); en cualquier caso, y para contrarrestar este efecto, siempre es posible exponerlos de espaldas a la luna llena mientras se recitan ciertas oraciones. Es aconsejable adornar la cuna con alguna medalla o amuleto en forma de media luna (en Castilla y Galicia debe ser de azabache).

En fase de luna llena se deben tomar las debidas precauciones para evitar la aparición de ciertas afecciones, como hemorragias o dolores de cabeza intensos; también hay riesgo de caer cegado por su luz fría y llena de sombras (Murcia). En fase de cuarto menguante la sangre del cuerpo disminuye y como consecuencia de ello se pueden generar grandes males, cuya aparición hay que evitar tomando mucha agua o vino.

En toda cartilla rústica, o de "física visible", como figuraba en una de Diego de Torres Villarroel, se registraba siempre el tiempo apropiado de plantación de cada semilla o esqueje de planta o árbol, que debía coincidir con las distintas fases de la luna; en abril, por ejemplo, en fase de luna nueva se debía plantar el tabaco, la mejorana o las borrajas; durante la luna llena, el manzano, el perejil o el hinojo; en luna vieja, la zanahoria, la clavellina o el cardo. Por otro lado las frutas alcanzaban su sazón durante la luna llena.

Para que la carne y los embutidos del cerdo sean mejores, la matanza debe realizarse en luna creciente o mejor aún en la luna llena. Los animales que nacen durante la luna llena o en cuarto creciente serán fuertes y crecerán rápidamente.

En la meteorología popular la luna ha desempeñado un papel crucial, pues ha sido siempre la primera referencia a la hora de emitir un pronóstico: si la luna llena presenta círculos  negros o macilentos es señal de que lloverá; si los círculos son rojos, de que nevará copiosamente; si en su superficie se aprecian muchos círculos rojos, caerá granizo; si se observa una especie de cinta alrededor del astro, habrá viento; si la cara de la luna se muestra limpia, hará buen tiempo, etc. Igualmente la presencia de la luna es importante en numerosas prácticas de medicina popular.

Virgilio nos transmitió un calendario de días fastos y nefastos en relación a la luna estableciendo como punto de partida su plenitud, idea que tuvo una tremenda difusión durante la Edad Media, pues este tipo de obrillas se multiplicaron. Por último debemos registrar la creencia extendida de que en Nochebuena, para tener suerte el año que entra, se deben disparar dos tiros de fusil o escopeta apuntando a la luna.

martes, 28 de octubre de 2014

· LAS ISLAS CANARIAS ·


Situado al oeste de la costa de África y a más de 1.000 kilómetros de distancia de Cádiz, el archipiélago de las islas Canarias tiene en conjunto una superficie de 7.447 kilómetros cuadrados y está compuesto por siete grandes islas principales (El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote), y siete islotes (Roque de Salmor, isla de Lobos, Alegranza, Montaña Clara, La Graciosa, Roque del Este y Roque del Oeste o del Infierno), todos en la provincia de Las Palmas.

Tenerife (2.034 kilómetros cuadrados) es la isla más extensa y en su centro se alza el Teide, un volcán que con sus 3.718 metros es el pico más alto de España y el accidente que confiere su máxima personalidad a la isla. Su otro rasgo más distintivo pertenece a la mitología local y deriva del hecho de haber sido uno de los solares principales de los guanches, una tribu de la que se ha detectado su presencia desde el neolítico y que ofrecieron una gran resistencia al ser conquistados por los castellanos a finales del siglo XV.

Por su parte, Gran Canaria (1.550 kilómetros cuadrados) también estuvo habitada por los guanches y también estos opusieron resistencia a los castellanos, siendo motivo de disputa entre los historiadores locales dilucidar quién resistió más y quién traicionó a quién. Pero esas diferencias solo son un ejemplo más de la gran pugna por la supremacía que se da desde siempre entre las dos islas principales.

El Hierro es la más pequeña pero toda ella fue declarada en el año 2000 Reserva de la Biosfera, honor que comparte con La Palma, la cual ya tenía entonces el parque nacional de la Caldera de Taburiente, famoso por conservar los últimos bosques de laurisilva europeos junto con los de La Gomera (parque nacional de Garajonay).

Fuerteventura es la segunda más extensa pero la más antigua, y por ello está tan erosionada que su altitud máxima, en el pico de la Zarza, es de 807 metros. Lanzarote, aunque también antigua, ha experimentado recientes episodios volcánicos en su principal accidente geográfico, el volcán Timanfaya, que da cobijo al parque nacional del mismo nombre.

Debido a la influencia de la corriente del Golfo y de los vientos alisios, las islas Canarias (y de ahí que se las conozcan por "las islas afortunadas") gozan de una suerte de primavera continua, pues los termómetros raras veces bajan de los 18 ºC en enero y casi nunca sobrepasan los 25 ºC en julio.
Las islas ya eran conocidas en la Antigüedad y por ejemplo Homero, que las llamas Elysius, asegura que era allí donde iban a parar las almas de los héroes muertos en combate.

Cabe señalar, sin embargo, que, pese a su privilegiada posición, las islas Canarias no son únicamente fruto de un regalo. Lejos de ello, son un ejemplo mundialmente reconocido de cómo es posible construir un paraíso a partir de un infierno. De entrada, lo que allí se impone es la abrumadora presencia de los volcanes y las catástrofes que ellos provocaron al entrar en actividad, aparte de que algunos de ellos continúan activos. 

  
La lucha del fuego contra la piedra ha dejado como resultado paisajes de formas torturadas y colores imposibles. Para su fortuna, pero a base de mucho trabajo y una notable inventiva, los naturales de esas islas han ido creando un universo en el que la fauna y la flora crecen exuberantes para deleite de la mirada y regalo de los sentidos. En ocasiones, como es el caso de los viticultores de la isla de Lanzarote, ese trabajo y esa inventiva adquieren caracteres titánicos.

· LA VIEJA CULTURA DEL VINO ·

 
Hay un arbusto rastrero del género Vitis (orden de las ránnidas, subclase dialipétalas, clase dicotiledóneas, subtipo angiospermas y tipo fanerógamas) cuya raíz se hunde hasta 10 y 15 metros en el subsuelo buscando alimento. Ese arbusto da un fruto en forma de racimo y no necesita que los suelos sean especialmente ricos, ni el clima demasiado lluvioso, por la misma razón que, en su momento justo, un sol despiadado le sienta de maravilla a la hora de madurar esos granos dulces, jugosos y arracimados, pero que tienen una fastidiosa tendencia a echarse a perder si no son consumidos o tratados de inmediato.

Se trata, cómo no, de la vid, la viejísima, generosa y largamente conocida vid de cuyos frutos fermentados sale el vino. Y con él una cultura, una economía, una forma de entender la vida, como bien puede apreciarse con solo acercarse a las grandes zonas vitícolas de Burdeos, La Rioja, Ribera del Duero y tantas otras.
En el Génesis (9:20) se atribuye el invento del vino a Noé, al que se atribuye asimismo una cierta ignorancia acerca de las consecuencias de ingerir inmoderadamente un mosto que llevaba ya unos cuantos días prensado y filtrado (listo, pues, para adentrarse en el proceso de la fermentación). Todo hace pensar que esta, la capacidad de fermentar que tienen los jugos vegetales, es mucho más antigua de lo que la Biblia dice, y su "invención" no puede ser atribuida a nadie, por la misma razón que sería ocioso dilucidar si primero fue el vino o la cerveza, o si aún fueron descubiertas antes las bebidas hechas con frutos tropicales fermentados.

Los griegos desde luego lo conocían, salvo que se consideraba de mal gusto beberlo sin mezclarlo con agua, probablemente porque dados sus deficientes métodos de elaboración y conservación no era una bebida agradable de beber sola. Los romanos demostraron mayor destreza, sobre todo con sus famosos vinos falernianos, y fueron sembrando viñas allí donde se asentaron. Con la desaparición del Imperio romano y su sustitución por pueblos que apreciaban más la cerveza, el vino sufrió un bache que podría haber sido fatal de no haber sido por una circunstancia tan fortuita como feliz: en la comunión, era preceptivo que la transformación de la sangre de Cristo se hiciese a partir del vino, razón por la cual los monasterios se encargaron de cuidar las cepas y elaborar unos caldos que todavía hoy llevan el nombre de sus santos creadores.

El peor revés, sin embargo, fue la epidemiade la filoxera que se extendió por toda Europa en el siglo XIX y que no solo arrasó todos los viñedos continentales, sino que llegó incluso a lugares tan apartados como las islas Canarias y Madeira. Por fortuna, las cepas americanas demostraron ser inmunes a la plaga y, tras un rápido proceso de adaptación, el vino recuperó con todo derecho su lugar preeminente en las mejores mesas del mundo.

Gracias a tan larga y fecunda historia, cuando en la mesa la boca se inunda de la asombrosa variedad de aromas y matices que aporta un buen vino, el afortunado que sostiene en la mano una copa recién servida siente, por fuerza, un sentimiento de infinita gratitud por el arduo y sabio proceso de elebación sufrido por ese caldo antes de aparecer en la mesa. A oscuras, al abrigo del ruido y los cambios climáticos, el vino sufre un proceso de envejecimiento que ha necesitado siglos de pruebas y fracasos antes de convertirse en una exquisita técnica destinada a satisfacer los paladares más exigentes.